El tiempo de los medianos

Revista 7 caníbales, 4/2/2009

El comunal horno de la restauración no está para muchos bollos. Durante el próximo periodo, al parecer largo y sinuoso, pocos conseguirán cocer en él sus panes de supervivencia o prosperidad. El “señor oscuro” de la crisis va ganando poder y la extensión de su mal es ya un hecho que alcanza a cada vez más territorios culinarios. Sus “caballeros negros” de la ruina, la desconfianza, la recesión, el paro y la bancarrota van esquilmando las ilusiones puestas en los negocios e incluso la continuidad de los ya aposentados.

Los humanos que habitan las “tierras bajas” vuelven a sus hogares a hacerse de comer, dispuestos a ayunar si fuese menester. No asoman la nariz por bares y restas por miedo a gastar más de la cuenta o incluso lo que no tienen. Mal acostumbrados por la generalizada engañifa de que esto era Jauja, deambulan groguis sin saber de dónde le vienen los golpes.

En la otra cara de esta estafadora moneda, en las “tierras altas”, donde el sufrimiento de la escasez no alcanza a pesar de que enseñen algunos sonaos para hacer creer que a todos toca el lado oscuro, el negocio de la restauración de alto copete también va a sufrir de lo lindo. Los extremos se tocan. Ahí andan haciendo menús asequibles, bajando precios y abriendo comedores intermedios. Solo los reyes elfos de la cocinación de gran significación, creatividad y vanguardia parecen capaces de resistir; su unicidad y el peso específico de sus seres les hará leve y soportable la dura travesía del desierto.

Mientras tanto, los orcos de la telecomida perruna tratan de hacer su agosto estraperlando su basura por doquier y los trols de las franquicias de la nada acampan por sus fueros entrambos territorios. Siempre hay quien saca tajada.

Es el tiempo de la “tierra media”. Los medianos son, de nuevo, la esperanza. Las casas de comidas de ayer actualizadas y renovadas, situadas in the middle of everywhere, deben ser quienes mantengan en alto los estandartes de la buena cocina/comida: la calidad del producto, la honradez en los precios y el cariño y la sabiduría del trato y la cocinería; deben ser ellas quienes sobrelleven la pesada carga del anillo único de la crisis hasta que sea fundido y desaparezca el mal.

No se puede cocinar bien si no se pone en ello el corazón, dado que, por encima de todo se trata de que reinen en torno a la mesa sentimientos de amistad y fraternidad.
Fernando Point

Por eso no cabe cocinar con dedos amargos.
Huy de Malcocinado

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©2020 Fernando Huidobro - Comendador Jurídico y Comentador Gastronómico.

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