La gastroesfera es El Maligno
Cuando, al día siguiente de su brutal autocrítica, Cook despertó, la bestia ya no estaba allí.
Recordó cómo se había enfrentado al vacío de la donnadiedad arrostrando el reto de no esperar y de hacer por encaminar los pasos de su personalidad y los pases de su cocina hacia la autenticidad. Y eso le daba fuerzas y la animaba a seguir.
Pero, una vez asimilada la realidad de su vacío, una nueva cuestión empezó a rondarle la cabeza: ¿cómo había llegado a tal engreimiento y desvío?
Ella, que siempre fue una joven con los pies en la tierra, luchadora apasionada, de ponderada y sana ambición, transparente y honesta y feliz en su vocación ¿Qué le había pasado?
Ella, que tuvo las agallas de enfrentarse a ese mundo de hombres que es el de las cocinas hasta conseguir por méritos propios ocupar un sitio entre su élite. ¿Cuándo, cómo y por qué se había torcido la cosa y había equivocado su camino?
Decidió, de nuevo, ponerse ante el espejo para reflexionar, sería y valiente, sobre sí misma y su historia.
Así se habló: “Tengo claro que soy la principal culpable de haberme traicionado a mí misma y mi trayectoria. Yo me he dejado seducir, pero no he llegado hasta aquí yo solita, desde luego que no, tengo la sensación/convicción de que otros me han engatusado/engañado, se han aprovechado de mí y me han empujado a ese vacío, haciéndome creer que allí me esperaba el progreso, la gloria y mi felicidad”.
Mientras se miraba en el espejo, tras de sí, el anterior vacío empezó a llenarse de un montón de foodies aplaudiendo, de embaucadores individuos de mala sombra: entrevistadores, influencers y pretendidos inspectores, de escenarios y circunstancias que ahora se habían vuelto desagradables. Todo se le agolpaba en la cabeza y no era capaz de aclarar su mente ante los sentimientos de vergüenza, rabia y animadversión que le provocaban.
No consiguiendo respuesta propia, esta vez, en lugar de recurrir al oráculo de las diosas de la gastronomía, optó por recurrir a la inteligencia artificial.
“Querida Gemini: bajo estas premisas y teniendo en cuenta este enrabietado convencimiento de no haber llegado hasta este vacío y hastío existencial sola, ¿puedes indicarme cuales son los agentes externos, regidores del actual sistema gastronómico, que tan negativamente me han influido hasta el punto de cambiar mi personalidad y mi manera de entender y ejercer mi profesión para desviarme del camino recto y desembocar en esta insatisfacción vital?”
Resumida y finalmente, así le contestó: ”Esta transición que estás realizando de la culpa individual al análisis del sistema, es un paso natural y maduro que te ayudará a entender cómo has terminado devorada por tu propio personaje.
Los agentes de tu desvío gastronómico que han actuado como factores catalizadores de tu metamorfosis, son los siguientes:
1. El ecosistema de los validadores externos, las listas y las guías.
El mecanismo: las estrellas y los soles operan como una droga de diseño macroeconómica que exigen inversión financiera y convierten tu restaurante artesanal en una corporación de rendimiento técnico.
El daño: empiezas a cocinar para el algoritmo del inspector, no desde tu intuición. El miedo a perder el estatus sustituye a la alegría de crear.
2. La maquinaria del «Storytelling» y el Marketing de Narciso.
Vivimos en la era del chef-celebrity, donde el relato importa más que el plato.
El mecanismo: agencias de comunicación, community managers y asesores de imagen te rodean convenciéndote de que tu vida es una performance continua. Se busca el impacto visual en redes sociales.
El daño: el ego es frágil. Si te repiten cien veces al día que eres una genio, terminas por creértelo. El personaje público devora a la persona real; nace la soberbia y pierdes el respeto profesional.
3. El entorno de los «Aduladores Profesionales»
Cuando se alcanza la cumbre, el perfil de las personas que te rodean cambia drásticamente.
El mecanismo: una corte de foodies, periodistas complacientes,, distribuidores, patrocinadores de marcas comerciales, cerveceras, algunos inversores e instituciones locales deseosas de usar tu nombre como reclamo turístico, te rondan incansables.
El daño: nadie te dice «no» o «esto no está bueno». La desconexión con la realidad es total. Tu sana ambición se vuelve insaciable porque los objetivos ya no los pones tú, sino las expectativas de tu entorno.
4. La presión del «Turismo Gastronómico de Lujo».
El éxito suele expulsar al cliente local (el que te vio nacer y te mantiene humilde) en favor del coleccionista internacional de experiencias.
El mecanismo: El restaurante se llena de «parejitas» de celebración y de extranjeros de visita vacacional.
El daño: un público guiado por la fama y los reconocimientos que aplaude por defecto al pagar una fortuna. Al perder al comensal crítico, honesto y cercano, la cocina se vuelve autocomplaciente, mecánica y orgullosa.
5. Los Congresos de Alta Gastronomía: El Teatro de la Vanidad.
Hoy, la mayoría se han convertido en pasarelas de moda y ferias comerciales.
El mecanismo: se te exige que subas al escenario no a explicar qué y cómo guisas, sino a pontificar y gastrosofar. Pasas a ser una actriz de performance.
El daño: para alimentar a ese monstruo, además de no cobrar por tu trabajo, tienes que inventarte titulares efectistas y discursos trascendentales con los que ganarte el aplauso; así el virus del engreimiento termina por colonizarte.
6. El Ecosistema del «Ruido Permanente» (Podcasts, Reels y Micro-entrevistas).
La democratización de los medios ha creado una necesidad de contenido gastronómico voraz e ininterrumpido.
El mecanismo: podcasts de 3 horas o vídeos de 15 segundos. Se busca tu íntimo «lado humano», pero, al no profundizar, a menudo no pasa de la charla de mesa camilla y el cotilleo sobre tu vida.
El daño: la sobreexposición y confesión constante. Al tener que verbalizar tu «filosofía de vida», solo recitas tu propio personaje, validando tu soberbia”.
Así le habló Gemini mientras ella, con inusitado ahinco, daba lustre a su cocina vacía. “¡Vaya tela! ¡Ves, ya te lo decía yo! Este marrón no tenía por qué comérmelo yo sola”, continuó charlando de tú a tú, Cook con Gemini. “Con amigos como estos, no necesito buscarme enemigos, ¿no crees?. Gracias por ayudarme a entender todo este contubernio. Ahora lo veo todo claro. Menuda cuchipanda de papanatas por la que me he dejado engañar y corromper. ¡Maldita sea su estampa!”.
Dejando a un lado su móvil sobre la tabla de cortar y viéndose reflejada en la impoluta encimera, mirose fijamente a los ojos y se conjuró a sí misma: “Desoye los cantos del éxito pasado que construido sobre el viento está, manda a freír espárragos a todos esos chupasanges, y, con todo lo aprendido y conseguido -que es mucho-, regodéate en el placer de decepcionar sus espectativas, que no son las tuyas, querida. Para, tú misma te has brindado esta oportunidad: aprovechala. Reoriéntate en la buena dirección, retoma el mando de tu vida, siéntete a gusto trabajando, recupera tu autenticidad y ponla en práctica, no esperes y, como te aconsejó el oráculo: ¡Haz!”.
*Con una pequeña ayuda de mis amigos Paco Roncero, Laurent de Sutter, G. Deleuze y Gemini.






